Engadin
A continuación encontrarás el relato de Luis Fernando que acudió junto con José Luis, José y Nicolás a esta mítica carrera.
ENGADIN SKI MARATHON 2007
Habíamos llegado la noche anterior, después de un día y medio de camino a través de las autovías y autopistas de España, Francia e Italia. Al ascender el Passo Maloja nos habíamos encontrado con el valle de Engadin, lugar donde se celebra, tal vez junto con la Transjurasienne, la prueba, en estilo libre, con mas arraigo en el calendario internacional.
Unos cuantos kilómetros mas adelante y pasado Saint Moritz nos esperaba Celerina, lugar donde pernoctaríamos durante las dos noches en Suiza.
Ya habíamos desayunado y nos decidimos a acercarnos a lo que podríamos Race Shop Center, una especie de mercadillo, para nosotros nunca visto donde estaban todas las marcas, donde te volvías loco viendo todo lo que nunca antes habíamos visto sobre material de fondo, tanto en cantidad como en calidad.
Allí recogimos nuestros dorsales, hicimos nuestras comprillas con algunos recuerdos y vuelta para el hotel a cambiarnos para entrenar durante una escasa hora a pie del mismo hotel. Después un poco de comida y a preparar los esquís para el día siguiente.
Tal vez nuestro error fue dar a última hora los esquís para que nos los preparasen. Esto es como todo, hay gente que se esmera en su trabajo y otros que trabajan y nada más. Tuvimos la mala fortuna de que nos enceró los esquís uno de los últimos por lo que al día siguiente no iban tan finos como cabría esperar. En fin, lo que se trataba era de disfrutar de ese ambiente nunca visto y eso era lo que pretendíamos con independencia del tiempo que marcásemos.Después del pasta party del hotel, un pequeño paseo y al hotel a dormir. Había que levantarse a las 4:45. Si, si, lo digo de verdad a las 4:45.
Suena el despertador y ¡arriba! ha llegado el momento esperado.
Hay que imaginar lo difícil que se hace ponerte "morao" con el desayuno a esas horas, pero había que comer en previsión de lo que nos esperaba.
A las 5:55 tomábamos un tren desde Celerina a Saint Moritz donde autobuses fletados por la organización nos llevaban hasta Maloja, el lugar de la salida.
Casi cuando empezaba a despuntar el alba llegábamos a la salida donde pusimos nuestros esquís y volvimos a refugiarnos donde pudimos.
Dos hora s y pico de frío (y eso que este año fue benévolo), que poco a poco hacía que dejásemos de sentir ciertas partes de nuestro cuerpo.
Y entre salto y salto, nos acercábamos a la hora de la salida. Nos despojamos de la ropa de abrigo y amparados por un tibio sol que quería calentar nos dirigimos a la salida.
Muchos ánimos y esa sensación de que hay algo que no sabes de donde sale que te sube por todo el cuerpo y termina ruborizándote.
Pistoletazo de salida y ya estamos en carrera. De repente ¡zas! pisotón en los bastones. ¡Uf! esta vez lo he esquivado. Un poquito mas adelante, ¡zas! otro pisotón y así durante las tres cuartas partes de la carrera.
Este año, mediocre en cuanto a nieve, había gran parte que transcurría por zonas donde esquiábamos sobre hielo.
Así todo de seguido, kilómetro tras kilómetro, hasta llegar a una bajada, no dura pero completamente helada. Una vez pasado ese escollo una ligera bajada de unos 12 km. hasta la meta y al llegar allí: objetivo cumplido y nada más entrar tu tiempo en el móvil. Tecnología suiza.
Así fuimos llegando uno tras otro y mientras nos esperábamos una deliciosa Bratwurst con una cerveza nos deleitaba.
Tren de vuelta a Celerina donde en el Hotel, muy amablemente, nos dejaron duchar.
Una vez aseados, coche y otro día y medio de vuelta, y una curiosidad a tener en cuenta: al pasar de vuelta hacia Italia por la línea de salida vimos que algunos corredores dejaron sus ropas de abrigo en la valla y aún estaban allí esperando a que sus dueños fueran a buscarlo.
Es un detalle que, lamentablemente, sería difícil que aquí, en España, ocurriese.
Otro día y medio de viaje pernoctando en tierras italianas y un agradable sabor de boca.
Aunque no es una carrera que sirva para deleitarte y disfrutar a tope por la cantidad de gente que hay, las paradas de las subidas, etc..., si que esa cantidad de gente también la hace especial, y sobre todo el ambiente que se genera a su alrededor y sobre todo destacar la muy buena organización. Todo en su sitio y en su momento. Muy buenos animadores voluntarios ofreciendo de aliento y comida y gran apoyo en los avituallamientos.
Chapeau! a la organización
Luis Fernando Sánchez